To know him is to love him

“Hay coincidencias y casualidades con las que te mueres de risa y hay coincidencias y casualidades con las que te mueres”. Estas palabras, atribuidas a Justo Navarro en El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas, me parece que resumen a la perfección todo lo inesperado del azar. En cualquier momento, del modo más insospechado, nuestras vidas pueden virar su rumbo y cambiar totalmente de dirección, sin posibilidad de detenerse, dejándonos únicamente el consuelo de poder volver el cuello para observar cómo se aleja aquello que dejamos atrás y que ya nunca podremos recuperar. Aunque no sólo se trata de lo que perdemos. También nosotros nos transformamos. Cambian repentinamente nuestras prioridades y nos esforzamos, al menos durante un breve intervalo, en hacer las cosas bien para poder prever los giros del destino, aun siendo conscientes de lo absurdo de esa pretensión. Por otra parte, la adaptación al nuevo orden no suele ser fácil, sobre todo mientras el peso del antiguo régimen sigue operando en nuestros recuerdos, donde las comparaciones son inevitables, así como esa odiosa sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Póstumamente idealizamos el pasado de forma romántica y buscamos en él los valores y referentes que intuimos son los correctos para dirigir la nave cuando es nuestro turno de llevar el timón. Pero nuestros esfuerzos no siempre son recompensados con una agradable travesía, pues son las circunstancias, esas coincidencias y casualidades a las que me refiero, las que determinarán si la nave llega a buen puerto, en caso de que haya puerto bueno y que nuestro peregrinar por el tiempo y el espacio no sea simplemente un éxodo sin final.

En 1958, con sólo 18 años, Phil Spector compuso “To Know Him Is To Love Him”, tras haber hallado la inspiración en el epitafio de la tumba de su padre, que se había suicidado nueve años antes, y que rezaba lo siguiente: “to have known him was to have loved him”. La canción llegó a ser número 1 en las listas de éxitos norteamericanas, pese a lo cual el joven Phil Spector no volvería a mostrarse de cara al público, dedicándose desde entonces únicamente a sus labores como productor. Su revolucionaria técnica de grabación, el wall of sound, fue la clave de los sucesivos hits surgidos de su factoría Philles Records, a la cual se hallaban vinculados intérpretes como The Crystals, The Ronettes, The Righteous Brothers, Darlene Love o Ike and Tina Turner. Pero a finales de los años sesenta, todo cambió para el entonces exitoso productor, que ya comenzaba a dar muestras de ciertos desequilibrios emocionales. Las innovaciones técnicas que le habían hecho grande palidecían de pronto ante el advenimiento del sonido estereofónico, al que no supo (o no quiso) adaptarse, lo que derivó en su alejamiento de los estudios de grabación, a los que durante la siguiente década sólo regresaría de forma esporádica para hacerse cargo de unas sesiones, con The Beatles, Leonard Cohen o Ramones, que son más recordadas por las excentricidades y enfrentamientos del personaje con los artistas que por las obras alumbradas en tales encuentros. En 2003, tras una reclusión de dos décadas, un neurótico Phil Spector, convertido casi en una caricatura de sí mismo, fue acusado del asesinato de Lana Clarkson, una actriz de serie B que fue hallada muerta en su mansión con un disparo en la boca, crimen por el que fue condenado en 2009 a diecinueve años de prisión. No sé si queda hoy algo del joven que sentía que su vida valía la pena cuando veía a su padre sonreír, ni qué ha sido de la ambición de llegar a alcanzar la altura del ídolo original, aquel que uno se impone como referencia cuando se convierte en capitán de su propia existencia. Es fácil, desde la distancia, realizar juicios de valor sobre las demás personas, desconociendo las circunstancias, las coincidencias y casualidades que han ejercido su poder en sus decisiones y resignaciones. Que el azar es la mayor de las fuerzas es, a mi entender, incuestionable, así como que sus actuaciones son tan arbitrarias como caprichosas, pero, huyendo de su tiranía, también de vez en cuando ese mismo azar nos permite actuar conforme a nuestra voluntad. Sin ir más lejos, que yo hoy haya elegido ilustrar esta publicación con “To Know Him Is To Love Him” puede ser considerado cualquier cosa, menos una coincidencia o una casualidad.

To know, know, know him is to love, love, love him

Just to see him smile, makes my life worthwhile

To know, know, know him is to love, love, love him

And I do

I’ll be good to him, I’ll bring love to him

Everyone says there’ll come a day when I’ll walk alongside of him

Yes, just to know him is to love, love, love him

And I do

Why can’t he see, how blind can he be

Someday he’ll see that he was meant for me

To know, know, know him is to love, love, love him

Just to see him smile, makes my life worthwhile

To know, know, know him is to love, love, love him

And I do

Why can’t he see, how blind can he be

Someday he’ll see that he was meant for me

To know, know, know him is to love, love, love him

Just to see him smile, makes my life worthwhile

To know, know, know him is to love, love, love him

And I do

To know, know, know him is to love, love, love him

Just to see him smile, makes my life worthwhile

To know, know, know him is to love, love, love him

And I do

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